Los demonios

Los demonios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En ese instante, me vino a la memoria su sospecha de que Liputin no solo sabía de nuestro asunto más que nosotros mismos, sino que además sabía algo que nosotros nunca llegaríamos a saber.

—¡Por el amor de Dios, Stepán Trofímovich! —balbuceó Liputin, muerto de miedo—. Por el amor de Dios…

—¡Cállese de una vez y empiece! Le ruego encarecidamente, señor Kiríllov, que vuelva usted también y que esté presente, ¡se lo ruego! Tome asiento. Y usted, Liputin, empiece sin rodeos, con claridad… y ¡nada de excusas!

—Si hubiera sabido que iba a ponerse así, ni siquiera habría empezado… Y ¡yo que creía que a usted se lo había contado la propia Varvara Petrovna!

—¡Usted no creía nada de eso! ¡Empiece, empiece de una vez, ya se lo he dicho!

—Pero hágame el favor de sentarse. ¿Cómo voy a estar aquí sentado mientras usted no para de moverse como un poseso delante de mí? Y además así no hay quien hable con un mínimo de coherencia.

Stepán Trofímovich se refrenó y se desplomó en un sillón aparatosamente. El ingeniero miraba al suelo, apesadumbrado. Liputin los contemplaba con desaforado regocijo.

—A ver por dónde empiezo… Estoy tan confuso…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker