Los demonios
Los demonios Varvara Petrovna hizo sonar la campanilla y se desplomĂł en el sillĂłn que habĂa junto a la ventana.
—SiĂ©ntese ahĂ, querida mĂa. —Le señalĂł a Maria TimofĂ©ievna un asiento en medio del cuarto, cerca de una gran mesa redonda—. Stepán TrofĂmovich, ÂżquĂ© significa esto? SĂ, sĂ, mire a esta mujer y dĂgame quĂ© significa esto.
—Yo… yo… —empezĂł a farfullar Stepán TrofĂmovich…
Pero apareciĂł un criado.
—Pronto, una taza de café, ¡lo antes posible! Que no desenganchen los caballos.
—Mais, chère et excellente amie, dans quelle inquiĂ©tude…[143] —exclamĂł Stepán TrofĂmovich con voz mortecina.
—¡Ah, en francés, en francés! ¡Cómo se nota que es gente fina! —Maria Timoféievna dio unas palmadas, disponiéndose a escuchar extasiada una conversación en francés. Varvara Petrovna la miró fijamente, casi con espanto.