Los demonios
Los demonios —Al contrario, al contrario, veo que a usted se le ha agotado la paciencia, y sin duda tendrá una buena razón —apuntó con malicia Varvara Petrovna. HabÃa estado escuchando con un placer maligno toda la palabrerÃa «veraz» de Piotr Stepánovich, que evidentemente estaba interpretando un papel (yo aún no sabÃa cuál, pero estaba claro que era un papel, e interpretado con bastante tosquedad)—. Al contrario —siguió diciendo—, le estoy muy agradecida por haber hablado; de no haber sido por usted, no lo habrÃa sabido. Por primera vez en veinte años estoy abriendo los ojos. Nikolái Vsévolodovich, decÃa usted antes que le habÃan informado expresamente: ¿no le habrá escrito Stepán TrofÃmovich algo de este tenor?
—Me llegó de él una carta de lo más inocente y… y… muy generosa…
—Veo que vacila, y elige las palabras, ¡con eso basta! Stepán TrofÃmovich, necesito que me haga un enorme favor —se dirigió de pronto a él, mirándolo con ojos relampagueantes—, tenga la bondad de dejarnos en este mismo instante, y en lo sucesivo no vuelva a poner los pies en esta casa.