Los demonios
Los demonios Ante todo debo hacer constar que en los últimos dos o tres minutos Lizaveta Nikoláievna parecía dominada por un nuevo impulso; estaba cuchicheando con su madre y con Mavriki Nikoláievich, inclinado hacia ella. Su rostro reflejaba inquietud, pero también resolución. Por fin se puso de pie, con la intención evidente de salir cuanto antes, y apremió a su madre, que había empezado a levantarse con la ayuda de Mavriki Nikoláievich. Pero estaba claro que el destino no iba a dejar que se marcharan sin haber asistido a todo hasta el final.
Shátov, olvidado por todos en su rincón (no muy lejos de Lizaveta Nikoláievna), sin saber él mismo, seguramente, qué hacía allí sentado y cómo no se marchaba de una vez, se levantó de pronto y, cruzando toda la sala, sin apresurarse, pero con paso firme, se dirigió hacia donde estaba Nikolái Vsévolodovich, mirándolo a la cara. Éste lo vio acercarse desde cierta distancia, y esbozó una ligera sonrisa; pero, al llegar Shátov junto a él, dejó de sonreír.
Cuando Shátov, mirándolo fijamente, se detuvo en silencio delante de él, todo el mundo se dio cuenta y se calló; el último, Piotr Nikoláievich. Liza y su madre se quedaron paradas en medio de la estancia. Así transcurrieron unos cinco segundos; la expresión de estupor insolente en el rostro de Nikolái Vsévolodovich dejó paso a la ira; frunció el ceño y de repente…