Los demonios
Los demonios —Pero ¿para qué tuvo que discutir con ellos, Stepán TrofÃmovich? —le dije en tono de reproche.
—Je voulais convertir[170]. Se va a reÃr usted, desde luego. Cette pauvre tÃa, elle entendra de belles choses![171] ¡Querrá creer, amigo mÃo, que el otro dÃa me sentà patriota! Aunque yo siempre me he considerado ruso… y un verdadero ruso tiene que ser como usted y como yo, no puede ser de otra manera. Il y a là dedans quelque chose d’aveugle et de louche[172].
—Qué duda cabe —respondÃ.
—Amigo mÃo, la auténtica verdad siempre es inverosÃmil, ¿no lo sabÃa? Para que la verdad resulte verosÃmil, es imprescindible añadirle alguna mentira. La gente siempre lo ha hecho asÃ. Tal vez haya aquà algo que se nos escapa. ¿Usted qué cree? ¿Hay algo que se nos escapa en ese grito triunfante? Me gustarÃa que lo hubiera. Vaya que sÃ.
No dije nada. También él estuvo callado un buen rato.