Los demonios
Los demonios —Pero permÃtame, de una vez, preguntarle —Stavroguin levantó la voz— adónde quiere ir a parar con todo este interrogatorio impaciente y… malicioso.
—Este interrogatorio acabará de una vez por todas y nunca se lo volveré a recordar.
—No deja usted de insistir en que estamos fuera del tiempo y del espacio…
—¡Cállese! —gritó de pronto Shátov—. Soy tonto y desmañado, pero ¡que mi nombre perezca en la ignominia! PermÃtame repetirle lo esencial de sus ideas de entonces… Oh, son solo diez lÃneas, únicamente las conclusiones.
—RepÃtamelo, si solo son las conclusiones…
Stavroguin estuvo tentado de mirar el reloj, pero se contuvo.
Shátov volvió a inclinarse hacia delante en la silla y por un momento levantó también el Ãndice.