Los demonios
Los demonios —No; los eslavófilos actuales reniegan de ella. Ahora el pueblo es más listo. Pero usted iba aún más lejos: usted creÃa que el catolicismo romano ya no es cristianismo; afirmaba que Roma proclamaba a un Cristo que habÃa caÃdo en la tercera tentación del diablo y que, al anunciar al mundo entero que sin un reino terrenal Cristo no podrÃa perdurar en la Tierra, el catolicismo habÃa proclamado de ese modo al Anticristo, llevando asà la perdición a todo el mundo occidental. Aseguraba usted concretamente que, si Francia sufre tantas penalidades, la culpa la tiene exclusivamente el catolicismo, pues esa nación ha rechazado al inicuo Dios de Roma y no ha encontrado otro. ¡Todo eso decÃa usted entonces! Recuerdo nuestras conversaciones.
—Si tuviera fe, ahora dirÃa lo mismo, sin duda alguna; no mentÃa cuando hablaba como un creyente —dijo Nikolái Vsévolodovich con toda seriedad—. Pero le aseguro que esta repetición de mis ideas del pasado me produce una impresión muy desagradable. ¿Le importarÃa dejar el tema?
—¿Si tuviera fe? —exclamó Shátov, sin hacer el menor caso a su ruego—. Pero ¿no me decÃa usted que, si alguien le demostrase matemáticamente que la verdad no está en Cristo, preferirÃa quedarse con Cristo que con la verdad? ¿No decÃa usted eso? ¿No lo decÃa?