Los demonios
Los demonios —No me creo que no haya cambiado nada —observó Stavroguin con cautela—; usted las aceptó con pasión y con la misma pasión las ha alterado sin darse ni cuenta. El simple hecho de reducir a Dios a un mero atributo de la nacionalidad…
De pronto empezó a fijarse en Shátov con una atención intensa y muy peculiar, y no tanto en sus palabras cuanto en él mismo.