Los demonios
Los demonios —Mandarme, no me lo ha mandado nadie; sencillamente sabÃa de su benevolencia, eso lo sabe todo el mundo. Nosotros, no hace falta que le diga, estamos siempre a la cuarta pregunta. El viernes pasado me atiborré de empanada, me puse las botas, pero a partir de entonces un dÃa no comÃ, el segundo ayuné y el tercero volvà a quedarme sin comer. Agua en el rÃo hay para aburrir, pero, como siga asÃ, voy a criar ranas en la tripa… En fin, ¿no serÃa el señor tan generoso de darme alguna cosilla? Tengo a una comadre esperándome aquà cerca, pero sin unos rublos no puedo ni asomarme por su casa.
—¿Qué fue lo que Piotr Stepánovich te prometió de m�
—No es que me prometiera nada, señor, pero sà me dijo, en pocas palabras, que bien podÃa ocurrir que le fuera útil al señor si se presentaba la ocasión; ahora, concretamente en qué, eso no me lo explicó, porque Piotr Stepánovich, a lo que se ve, quiere asegurarse de que tengo la paciencia de un cosaco, y no se fÃa de mà ni un pelo.
—Y eso ¿por qué?