Los demonios
Los demonios Los pasquines, como tales, no tienen mayor importancia y, a mi juicio, no merece la pena preocuparse por ellos. Ya hemos visto unos cuantos. Además, no eran pasquines nuevos: unos idénticos, como me dijeron más tarde, habían sido distribuidos no hacía mucho en la provincia de J., y Liputin, que mes y medio antes había recorrido el distrito, así como la provincia vecina, aseguraba que ya entonces había visto unas octavillas como aquéllas. Pero lo que más impresionó a Andréi Antónovich fue que, justo al mismo tiempo, el gerente de la fábrica de los Shpigulin había presentado ante la policía dos o tres paquetes de pasquines idénticos a los del alférez, que habían sido arrojados de noche en la fábrica. Los paquetes estaban aún sin abrir, y ninguno de los trabajadores había tenido tiempo de leerlos. Se trataba de un asunto de lo más tonto, pero a Andréi Antónovich le dio que pensar. Le parecía un asunto desagradablemente complicado.