Los demonios
Los demonios —No reconozco ninguna clase de obligación de responder ante nadie —proclamó rotundamente—, nadie tiene autoridad para dejarme libre.
—Eso no es exactamente asÃ. A usted se le habÃan confiado muchas cosas. No tenÃa usted derecho a romper sin más. Y, en definitiva, tampoco lo anunció claramente en ningún momento, de modo que los puso en una situación ambigua.
—Cuando vine aquÃ, lo dejé muy claro en mi carta.
—No, no lo dejó nada claro —objetó con calma Piotr Stepánovich—. Yo, por ejemplo, le mandé Un alma noble para imprimirlo aquà y para que guardara usted los ejemplares hasta que hicieran falta en otro sitio; igual que las dos proclamas. Usted devolvió todo eso con una carta ambigua que no querÃa decir nada.
—Yo me negué rotundamente a imprimirlo.