Los demonios
Los demonios —Ya me voy —dijo Piotr Stepánovich con cierta alegrÃa, levantándose sin prisa—; solo una cosa más: al parecer, KirÃllov está ahora solo en su pabellón, sin criada, ¿no es asÃ?
—Más solo que la una. Váyase, no puedo estar en el mismo cuarto que usted.
«¡Pues estás tú listo! —iba pensando alegremente Piotr Stepánovich en el momento de salir a la calle—. Y más que estarás esta noche, y eso es justo lo que necesito ahora. ¡No podÃa desear nada mejor! ¡No podÃa desear nada mejor! ¡Hasta el mismÃsimo Dios ruso me está ayudando!».