Los demonios

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El jefe de policía, que había abandonado a toda prisa el baile para acudir al incendio, había conseguido sacar de allí a Andréi Antónovich justo después de salir nosotros, y quería que montara en el carruaje con Yulia Mijáilovna, tratando por todos los medios de convencer a su excelencia de que «guardara reposo». No entiendo por qué, pero no se salió con la suya. Desde luego, Andréi Antónovich no quería oír hablar de reposo, y estaba deseoso de acudir al incendio, pero eso no era razón suficiente. Al final, el jefe de policía acabó por conducirlo hasta el incendio en su propio drozhki. Más tarde contó que durante todo el trayecto Lembke iba gesticulando y «exponiendo a gritos unas ideas que, por lo insólitas que resultaban, no había forma de hacerlas efectivas». Después se informó de que en aquellos momentos su excelencia estaba delirando a consecuencia de «lo repentino del susto».









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