Los demonios
Los demonios No hace falta contar cómo acabó el baile. Varias decenas de jaraneros se quedaron en la sala, y con ellos algunas damas. No había ni un solo policía. No estaban dispuestos a que no hubiera música y maltrataron a los músicos que intentaron irse. De madrugada desmontaron el «tinglado de Prójorych», bebieron sin tasa, bailaron la kamárinskaia sin censura[323], pusieron perdidas las salas; y solo al amanecer algunos de esta pandilla, a cual más beodo, se presentaron en el lugar del incendio para seguir con sus desmanes. Los demás pernoctaron en las salas, borrachos como cubas, con todas sus consecuencias, tendidos en los divanes de terciopelo o directamente en el suelo. Por la mañana, a las primeras de cambio, los sacaron a la calle arrastrándolos por los pies. Así terminaron los festejos en beneficio de las institutrices de nuestra provincia.