Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Efectivamente, cúando me dirijo a alguien, me parece que soy el más vil de los hombres y que todo el mundo ve en mi un payaso. Entonces me digo: «Haré el payaso. ¿Qué me importa la opinión de la gente, si desde el primero hasta el último son más viles que yo?» He aquà por qué soy un payaso, eminente starets: por vergüenza, sólo por vergüenza. No alardeo por timidez. Si estuviera seguro de que todo el mundo me habÃa de recibir como a un ser simpático y razonable, ¡Dios mÃo, qué bueno serÃa!
Se arrodilló ante el starets y preguntó:
—Maestro, ¿qué hay que hacer para conseguir la vida eterna?
Era difÃcil dilucidar si estaba bromeando o si hablaba con emoción sincera.
El starets le miró y dijo sonriendo:
—Hace mucho tiempo que usted mismo sabe lo que hay que hacer, pues no le falta inteligencia: no se entregue a la bebida ni a las intemperancias del lenguaje; no se deje llevar de la sensualidad y menos del amor al dinero; cierre sus tabernas, por los menos dos o tres si no puede cerrarlas todas. Y, sobre todo, no mienta.
—¿Lo dice por lo que he contado de Diderot?