Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿De dónde pensaba usted sacar los dos mil trescientos rublos que prometió bajo palabra de honor entregar al pan al día siguiente, siendo así que usted mismo afirmó que sólo poseía quinientos en aquel instante?
A ello repuso Mitia que su intención era proponerle al pan transferirle ante notario sus derechos de propiedad sobre Tchermachnia, en vez de entregarle el dinero, oferta que ya había hecho a Samsonov y a la señora de Khokhlakov. El procurador sonrió ante «la ingenuidad del subterfugio»
—¿Y cree usted que él habría aceptado esos «derechos» en sustitución de los dos mil trescientos rublos?
—No me cabe duda. Pues habría recibido no dos mil, sino cuatro mil o seis mil.
Sus abogados judíos y polacos habrían obligado al viejo a entregar el dinero.
Como es natural, la declaración del pan se consignó por escrito in extenso, tras lo cual los dos polacos pudieron retirarse. El detalle de que habían hecho trampas en el juego pasó por alto. Nicolás Parthenovitch les estaba agradecido y no quería molestarlos por una insignificancia, pues consideraba que todo se había reducido simplemente a una querella entre jugadores bebidos. Además, todo había sido escandaloso aquella noche. En resumidas cuentas, que los doscientos rublos se quedaron en los bolsillos de los polacos.