Los hermanos Karamazov

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Acto seguido se llamó al viejo Maximov, que entró en la sala tímidamente, a pasitos cortos, con las ropas en desorden y el semblante triste. Durante los interrogatorios había permanecido sentado junto a Gruchegnka, en silencio,

«lloriqueando y secándose los ojos con su pañuelo a cuadros» —así lo dijo Mikhail Makarovitch—, hasta el punto de que era ella la que tenía que calmarlo y consolarlo. Con lágrimas en los ojos, el pobre viejo se excusó por haber pedido diez rublos prestados a Dmitri Fiodorovitch, obligado por su pobreza, y manifestó que estaba dispuesto a devolvérselos. Nicolás Parthenovitch le preguntó cuánta dinero tenía, a su juicio, Dmitri Fiodorovitch, ya que él debía de haberlo visto de cerca al pedirle prestados los diez rublos. Y Maximov repuso:

—Veinte mil rublos.

—¿Ha visto usted alguna vez veinte mil rublos reunidos? —preguntó Nicolás Parthenovitch sonriendo.

—¡Claro que los he visto!... Bueno, veinte mil no: siete mil. Vi esta suma cuando mi esposa hipotecó mi propiedad. Si he de serle franco, sólo me los enseñó de lejos. Formaban un grueso fajo de billetes de cien. Los billetes de Dmitri Fiodorovitch también eran de cien rublos.


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