Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿Usted creÃa que llevarÃa a cabo este propósito?
—Jamás lo creà —repuso Gruchegnka con absoluta convicción—. Siempre tuve en cuenta la nobleza de sus sentimientos.
—Un momento —exclamó Mitia—. PermÃtanme decir en presencia de ustedes sólo unas palabras a Agrafena Alejandrovna.
—Puede hacerlo —aceptó Nicolás Parthenovitch.
Mitia se levantó y dijo:
—Agrafena Alejandrovna, lo juro en presencia de Dios que soy inocente de la muerte de mi padre.
Mitia se volvió a sentar. Gruchegnka se levantó y se santiguó devotamente ante el icono.
—¡Alabado sea Dios! —exclamó fervorosamente. Y añadió, dirigiéndose a Nicolás Parthenovitch—: Créalo. Lo conozco bien. Es capaz de decir cualquier cosa en broma o por obstinación; pero no habla nunca en contra de su conciencia.
Ha dicho la verdad, no les quepa duda.
—Gracias, Agrafena Alejandrovna —dijo Dmitri, y la voz le temblaba—. Tus palabras me han dado valor.