Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —A ninguno. Ahora van a estar disputando hasta la noche. Me gusta burlarme de los imbéciles, cualquiera que sea su condición social. Ese hombre es un bobo de remate. Dicen que «no hay peor tonto que un tonto francés», pero hay rusos que no se quedan atrás. Mira la cara de ese infeliz. ¿No lleva escrito en ella que es un imbécil?
—Déjalo tranquilo, Kolia. Sigamos nuestro camino.
—¡Bah!... ¡Buenos dÃas, buen mozo!
Se dirigÃa a un hombre robusto, de cara redonda a ingenua y barba gris, que parecÃa bebido. Levantó la cabeza y miró al colegial.
—Buenos dÃas, si no bromeas —respondió con calma.
—¿Y si bromeo? —preguntó Kolia echándose a reÃr.
—Bromea si tal es tu deseo. Siempre se puede bromear. Con eso no se hace mal a nadie.
—Perdóname, pero estoy bromeando.
—Entonces, que Dios te perdone.
—¿Y tú, me perdonas?
—De todo corazón. Sigue tu camino.
—No tienes aspecto de tonto.
—Desde luego, lo soy menos que tú —repuso el desconocido con perfecta seriedad.
—Lo dudo —dijo Kolia, un tanto desconcertado.
—Sin embargo, es la pura verdad.