Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Es alto y lleva el cabello largo. Este verano se le vio mucho por esta plaza.
—¿Pero para qué quiero yo a ese Tchijov?
—¿A mí me lo preguntas?
—¿Cómo podemos nosotras saber para qué lo quíeres, si no lo sabes tú? —dijo otra—. ¿Tanto gritar y no lo sabes? Te hablaban a ti y no a nosotras, cabeza dura.
¿Lo conoces?
—¿A quién?
—A Tchijov.
—¡Que el diablo se lleve a ese Tchijov y a ti! ¡Le daré una paliza, palabra! ¡Se ha burlado de mí!
—¿Tú pegarle a Tchijov? ¡Él sí que te dará una paliza a ti!
—No me refiero a Tchijov, carcoma, sino a ese rapaz que se ha burlado de mí.
¡Que me lo traigan, que me lo traigan!
Las mujeres se echaron a reír. Kolia estaba ya lejos y seguía avanzando con humos de vencedor. Smúrov se volvió varias veces para observar al grupo vociferante. También él se divertía, a pesar de su terror a mezclarse en una aventura de Kolia.
—¿A qué Sabaniev te has referido? —preguntó, sospechando lo que Kolia le iba a contestar.