Los hermanos Karamazov

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Al capitán, las visitas de los niños le causaban profunda alegría. Incluso le inspiraron la esperanza de que su hijito dejaría de sufrir y se pondría bien muy pronto. A pesar de su inquietud, hasta los últimos días estuvo convencido de que su hijo recobraría la salud. Acogió a los muchachos con respeto y se puso a su servicio. Incluso empezó a llevarlos a caballo sobre su espalda. Pero estos juegos no gustaron a Iliucha y cesaron muy pronto. Les compraba golosinas, pan de especias y nueces y les daba té con tostadas. Debemos advertir que el dinero no le faltaba. Como Aliocha había previsto, había aceptado los doscientos rublos de Catalina Ivanovna. La generosa joven se informó más exactamente de la situación de la familia y de la enfermedad de Iliucha y fue a visitarlos y a conocerlos a todos, incluso a la pobre demente, que quedó encantada de su visita. Desde entonces, la ayuda de la magnánima joven fue continua. El capitán, aterrado ante la idea de perder a su hijo, ya no era el hombre orgulloso de antes y admitía humildemente la caridad de su protectora.

El doctor Herzenstube visitaba cada dos días al enfermo a instancias de Catalina Ivanovna, y aunque atiborraba al paciente de medicamentos, los resultados dejaban mucho que desear. Aquel domingo, el capitán esperaba la visita de un nuevo médico procedente de Moscú, donde había alcanzado gran renombre.


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