Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov No pudo seguir, le faltó la voz y se echó de bruces en un banco de madera que tenía a su lado. Con la cabeza entre los puños empezó a sollozar y gemir, ahogando sus lamentos para que no llegaran a la habitación de Iliucha. Kolia corrió hacia la puerta.
—¡Adiós, Karamazov! —dijo rudamente—. ¿Vendrás tú también?
—Al atardecer, sin falta.
—¿Qué ha dicho de Jerusalén?
—Es una frase inspirada en la Biblia. «Si lo olvido, Jerusalén...». Ha querido decir que si olvida lo que más ama, se le castigue con la muerte.
—Comprendido. No dejes de venir. ¡Vamos, Carillón! —ordenó, furioso, a su perro.
Y se alejó a largos pasos.