Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¡Qué tonta soy! —exclamó Gruchegnka, enrojeciendo—. Se me ha ido la lengua... En fin, Aliocha, ya que he empezado, te lo voy a contar todo. Iván ha ido dos veces a verle; la primera, apena volvió de Moscú, y la segunda, hace ocho dÃas. Lo ha visitado a escondidas y ha prohibido a Mitia que te lo dijera.
Aliocha estuvo un momento pensativo. La noticia lo habÃa impresionado profundamente.
—Iván no me ha dicho nada de Mitia. Bien es verdad que hablo poco con él.
Cuando iba a verlo, tenÃa la impresión de que no me recibÃa a gusto; por eso no he ido a visitarlo desde hace tres semanas... ¿Dices que lo ha visto hace ocho dÃas?...
Pues hace precisamente una semana que Mitia ha cambiado.
—Sà —dijo con vehemencia Gruchegnka—. Tienen un secreto Mitia me lo ha dicho. Es un secreto que lo atormenta. Antes estaba siempre contento. Ahora sigue estándolo, pero cuando empieza mover la cabeza, a ir de un lado a otro, a retorcerse el pelo de la sienes, puedo decir con toda seguridad que está agitado.
Por otra parte, incluso hoy estaba a ratos contento.
—¿Has dicho que a veces está agitado?