Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov La señora de Khokhlakov no estaba indignada, sino abatida. Como ella misma había dicho, en su cerebro reinaba la más completa confusión. El suelto era un buen ejemplo de murmuración periodística, y se comprendía que la hubiera impresionado. Pero, afortunadamente, en aquel momento era incapaz de concentrarse en nada; podía incluso olvidarse del periódico y pasar a otra cosa.
Aliocha estaba al corriente desde hacía tiempo de la resonancia que había adquirido el asunto en toda Rusia, y sólo Dios sabe las noticias imaginarias que, entre otras verídicas, había tenido ocasión de leer en los dos meses últimos sobre su hermano, sobre todos los Karamazov y acerca de él mismo. Un periódico incluso llegó a decir que Aliocha, aterrado por el crimen de su hermano, se había recluido en un convento. Otro desmentía este rumor y afirmaba que, en alianza con el starets Zósimo, había fracturado la caja del monasterio, tras lo cual se había dado a la fuga.