Los hermanos Karamazov

Los hermanos Karamazov

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Qué gran santo! Rogaré por tu hijito: no olvidaré tu aflicción en mis oraciones. Y también rogaré por la salud de tu marido. Pero ten en cuenta que es un pecado abandonarle. Vuelve a su lado y cuida de él. Desde allá arriba tu hijo ve que has abandonado a su padre, y esto le aflige. ¿Por qué turbas su paz? Tu hijito vive, pues el alma tiene vida eterna; no está en la casa, pero lo tienes cerca de ti, aunque no lo veas. Sin embargo, no esperes que vaya a tu casa si te oye decir que la detestas. ¿Para qué ha de ir, si en la casa no hay nadie, si en ella no puede encontrar a su madre y a su padre juntos? Ahora llegaría, te vería atormentada y te enviaría apacibles sueños. Vuelve hoy mismo al lado de tu esposo.

—Te obedeceré, padre mío, iré. Has leído en mi corazón. ¡Espérame, Nikituchka; espérame, querido!

La mujer continuó lamentándose, pero el starets se había vuelto ya hacia una viejecita que no vestía de peregrina, sino que llevaba un vestido de calle corriente.

Se leía en sus ojos que tenía algo que decir. Era viuda de un suboficial y habitaba en nuestro pueblo. Su hijo Vasili, empleado en una comisaría, se había trasladado a Irkutsk (Siberia). Le había escrito dos veces. Luego, desde hacía un año, no había dado señales de vida. Había intentado informarse, pero no sabía adónde dirigirse.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker