Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Que alivies mi alma —murmuró con voz ahogada. Se arrodilló lentamente a sus pies y añadió—: He pecado, padre mÃo, y esto me llena de temor.
El starets se sentó en el escalón más bajo. La mujer se acercó a él, avanzando de rodillas.
—Soy viuda desde hace tres años —empezó a decir la mujer a media voz—. La vida no era para mà agradable al lado de mi marido, que estaba viejo y me azotaba duramente. Una vez que estaba en cama, enfermo, yo pensé, mirándole: «Si se cura y se levanta de nuevo, ¿qué será de mi?» Y esta idea ya no se apartó de mi pensamiento.
—Espera —dijo el starets.
Acercó el oÃdo a los labios de la mujer y ella continuó con voz apenas perceptible. Pronto terminó.
El starets preguntó:
—¿Hace tres años?
—SÃ, tres años. Al principio no pensaba en ello, pero desde que me puse enferma, vivo en una angustia continua.
—¿Vienes de muy lejos?
—He hecho quinientas verstas de camino.
—¿Te has confesado?
—Dos veces.
—¿Han accedido a recibir la comunión?
—SÃ... Tengo miedo, miedo a la muerte.