Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Te voy a confundir. Hace un rato, cuando estabas con Aliocha junto al farol, le has dicho: «¿Cómo sabes que viene a verme? Sólo por él puedes haberte enterado.» Te referÃas a mÃ. Por lo tanto, hablabas de mà como de un ser real.
—Fue un momento de ofuscación. No puedo creer en ti. Acaso la última vez te vi solamente en sueños.
—¿Por qué has sido tan duro con Aliocha? Es un muchacho encantador. He cometido alguna torpeza con él por culpa del starets Zósimo.
—¿Cómo te atreves a hablar de Aliocha, canalla? —dijo Iván entre risas.
—Me insultas alegremente. Buena señal. Desde luego, eres más amable conmigo que la vez anterior. Comprendo el motivo: tu noble resolución...
—No me hables de eso —exclamó Iván, indignado.
—Ya sé, ya sé... C'est noble, cest charmant. Mañana defenderás a tu hermano; lo sacrificarás. C'est chevaleresque...
—O te callas o te echo a puntapiés.
—En cierto modo, eso no me disgustarÃa, pues procediendo asÃ, demostrarÃas que ves en mà un ser real, ya que no se dan puntapiés a los fantasmas... ¡Bueno, basta de bromas! Tienes derecho a insultarme, pero no estarÃa de más que me trataras con un poco de cortesÃa. ¡Que soy un imbécil, que soy un canalla! ¡Qué palabrotas!