Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Eso mismo me dijo hace ya mucho tiempo un médico amigo mÃo, hombre inteligente y de edad madura. Se expresaba tan francamente como usted, aunque bromeando con cierta amargura. Me decÃa: «Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mÃa, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular, individualmente. Más de una vez he soñado apasionadamente con servir a la humanidad, y tal vez incluso habrÃa subido el calvario por mis semejantes, si hubiera sido necesario; pero no puedo vivir dos dÃas seguidos con una persona en la misma habitación: lo sé por experiencia.
Cuando noto la presencia de alguien cerca de mÃ, siento limitada mi libertad y herido mi amor propio. En veinticuatro horas puedo tomar ojeriza a las personas más excelentes: a una porque permanece demasiado tiempo en la mesa, a otra porque está acatarrada y no hace más que estornudar. Apenas me pongo en contacto con los hombres, me siento enemigo de ellos. Sin embargo, cuanto más detesto al individuo, más ardiente es mi amor por el conjunto de la humanidad.»
—¿Qué hacer, qué hacer en tal caso? Hay para desesperarse.