Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Bien. Diga ahora en qué año estamos, a partir del nacimiento de Cristo. ¿Lo sabe?
Grigori estaba aturdido y miraba fijamente a su verdugo. Que ignorase el año en que vivÃa causó general sorpresa.
—Por lo menos, sabrá usted cuántos dedos tiene en las manos, ¿no?
—Estoy acostumbrado a obedecer —dijo Grigori súbitamente—. Si las autoridades quieren burlarse de mÃ, sé soportarlo.
Esta inesperada contestación desconcertó un poco a Fetiukovitch. El presidente le recordó que sus preguntas debÃan limitarse al asunto que se debatÃa. El abogado respondió respetuosamente que no tenÃa nada más que preguntar. Sin duda, la declaración de un hombre «que habrÃa podido ver abiertas las puertas del paraÃso»
y que no sabÃa en qué año estaba despertó general desconfianza; por lo tanto, la defensa habÃa logrado su objetivo.
El interrogatorio de Grigori Vasilievitch terminó con un incidente. El presidente preguntó al acusado si tenÃa que hacer alguna observación, y Mitia repuso:
—Salvo en lo concerniente a la puerta del jardÃn, el testigo ha dicho la verdad.
Le agradezco que me cuidara y que haya olvidado mis golpes. Este viejo fue siempre honrado con mi padre y le sirvió como un perro fiel.