Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov El tumulto fue extraordinario. No recuerdo bien los detalles, pues la emoción me impedía ser un observador atento, pero puedo afirmar que, una vez restablecida la calma, el ujier recibió una reprimenda, a pesar de que explicó a las autoridades que el testigo parecía hallarse perfectamente después de haberlo reconocido el médico hacía una hora, cuando se sintió indispuesto. Hasta el momento de comparecer, se había expresado con la más completa cordura, de modo que no podía preverse lo ocurrido. Pero antes de que los ánimos se hubieran apaciguado se produjo un nuevo incidente: Catalina Ivanovna sufrió un ataque de nervios. Gemía y sollozaba, y no quería marcharse; se debatía y suplicaba que la dejaran permanecer en la sala. De pronto, exclamó, dirigiéndose al presidente:
—¡Tengo algo más que decir! ¡Y quiero decirlo ahora mismo!... ¡Lean esta carta, léanla! ¡La escribió ese monstruo! —señalaba a Mitia—. ¡Es el asesino de su padre! ¡En esta carta confiesa su propósito de matarlo! Iván Fiodorovitch está enfermo; hace tres días que no cesa de desvariar.