Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov No pudo continuar: se lo impidieron los sollozos. Su voz había cambiado; se diría que era la de otra persona; tenía un sonido extraño, venido de Dios sabía dónde. En las tribunas, en uno de los rincones más invisibles, resonó un grito agudo. El grito era de Gruchegnka. Había suplicado que la dejaran pasar y había entrado en la sala momentos antes de que la defensa empezara su informe.
Se llevaron a Mitia. La sentencia se dejó para el día siguiente. Los que tenían asiento se pusieron en pie. Todos murmuraban, pero yo ya no prestaba atención.
Sólo recuerdo algunos comentarios que se hicieron en el pórtico.
—Lo condenarán lo menos a veinte años de trabajos forzados en las minas.
—Eso como mínimo.
—Los palurdos del jurado se han mantenido firmes.
—Y han ajustado las cuentas a Mitia.
EPÍLOGO
CAPÍTUI.O PRIMERO
PLANES DE EVASIÓN