Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Llevaban un cuarto de hora hablando. Catalina Ivanovna, pálida, extenuada, presa de una inquietud enfermiza, presentÃa el objeto de la visita de Aliocha.
—No se preocupe —dijo de pronto la joven, con absoluta convicción—. De un modo a otro, Iván logrará que Dmitri se evada. Este infortunado héroe del honor y de la conciencia (no me refiero al condenado, sino al enfermo que está en esta casa y se ha sacrificado por su hermano) —añadió Katia con ojos centelleantes— me confió, hace ya tiempo, sus planes de evasión. Incluso ha dado ya ciertos pasos. La huida está preparada para la tercera etapa del viaje del convoy a Siberia. O sea que aún falta mucho tiempo. Iván Fiodorovitch ha ido a ver al jefe de la tercera etapa.
Pero todavÃa no se sabe quién tendrá el mando del convoy: esto se oculta hasta el último momento. Mañana verá usted el plan detallado de la evasión; me lo dejó Iván el dÃa antes de verse la causa, por lo que pudiera ocurrir... ¿Recuerda que estábamos disputando aquel dÃa que vino a vernos y se encontraron ustedes en la escalera? Yo, al verle a usted, le obligué a volver a subir, ¿se acuerda? Pues bien,
¿sabe usted por qué discutÃamos?
—No.