Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Tú no me condenarás —exclamó Mitia—, pero me condenaré yo mismo.
Huiré; esto es cosa decidida. ¿Acaso Mitia Karamazov puede obrar de otro modo?
Pero me condenaré y pasaré el resto de mi vida expiando esta falta... Creo que estamos hablando como hablan los jesuitas.
—Exacto —dijo alegremente Aliocha.
—Te quiero porque me dices siempre la verdad sin ocultarme nada —exclamó Mitia, radiante—. AsÃ, pues, he sorprendido a mi hermano Aliocha en flagrante delito de jesuitismo. ¡Me dan ganas de abrazarte! En fin, —sigue escuchándome: quiero terminar de esplayarme. Te voy a explicar todo lo que tengo planeado. Si consigo huir con dinero y pasaporte a América, me consolará la idea de que no obro para conseguir la felicidad, sino para vivir tal vez peor que en el presidio. Te aseguro, Alexei, que estoy convencido de ello. ¡Odio a esa América del diablo!