Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Bueno, Alexei; verás lo que tengo planeado. Tan pronto como llegue allà con Gruchegnka, los dos nos dedicaremos a trabajar la tierra en algún lugar solitario y lejano, entre animales salvajes. También allà hay rincones perdidos. Dicen que aún quedan pieles rojas. Bien, pues a esta región iremos; viviremos con los últimos mohicanos. Inmediatamente empezaremos a estudiar gramática inglesa, y al cabo de tres años conoceremos el inglés a fondo. Entonces diremos adiós a América y volveremos a Rusia como ciudadanos norteamericanos. No temas, que no vendremos a esta pequeña ciudad; nos ocultaremos en algún lugar del norte o del sur. Yo habré cambiado y ella también. Me compraré una barba postiza antes de salir de América, o me saltaré un ojo, o me dejaré crecer mi propia barba, que será gris, porque los sufrimientos hacen envejecer de prisa. De modo que no será fácil que nadie me reconozca. Y si me reconocen, ¡qué le vamos a hacer! Me deportarán y aceptaré mi destino... También aquÃ, en Rusia, trabajaremos la tierra en un rincón perdido, y yo me haré pasar por norteamericano. Asà podremos morir en nuestra patria. Ésta es mi decisión irrevocable. ¿La apruebas?
—Si —repuso Aliocha, que no querÃa llevarle la contraria.
Mitia permaneció un instante en silencio. De pronto exclamó: