Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¡Buena me la han hecho en la audiencia! Los prejuicios los han cegado.
Aliocha lanzó un suspiro.
—Aunque no hubiera sido asÃ, lo habrÃan condenado.
—SÃ, están hartos de mi —se lamentó Mitia—. Que Dios los perdone. Pero esto es muy duro.
Nuevo silencio.
—Aliocha, dime la verdad, por amarga que sea. ¿Vendrá Katia o no vendrá?
¡Habla! ¿Qué lo ha dicho?
—Me ha prometido venir, pero no sé si vendrá hoy. Es un paso violento para ella.
Aliocha miraba timidamente a su hermano.
—Ya lo sé, Aliocha, ya lo sé. Me voy a volver loco. Gruchegnka no cesa de observarme. Advierte mi inquietud. ¡Dios mÃo, tranquilÃzame! ¿Acaso sé lo que deseo? Quiero ver a Katia, pero ¿para qué? ¡Es el Ãmpetu de los Karamazov! No, no puedo soportar el sufrimiento. ¡Soy un miserable!
—¡Ahà viene! —exclamó Aliocha.