Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Hablaba con voz anhelante y en sus ojos brillaba un odio feroz.
—Mi hermano —balbuceó Aliocha— no esperaba que se encontrasen ustedes.
Estaba seguro de que esa joven no vendrÃa esta mañana.
—Lo creo... Pero dejemos eso —dijo resueltamente—. Oiga: no puedo ir con usted al entierro. He enviado flores a la familia. Aún deben de tener dinero.
DÃgales que no los abandonaré nunca. Ahora le ruego que me deje. Se le va a hacer tarde. Ya suenan las campanas para la misa. Por favor, váyase.