Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov »¿De quién es ese verso?
Aliocha decidió esperar. HabÃa comprendido que este asunto absorberÃa toda su creatividad. Dmitri permaneció un momento pensativo, acodado en la mesa y la frente en la mano. Los dos callaban.
—Aliocha, sólo tú puedes escucharme sin reÃrte. Quisiera empezar mi confesión con un himno a la vida, como el «An die Freude» de Schiller. Yo no sé alemán, pero sé cómo es la poesÃa «An die Freude». .. No creas que estoy parloteando bajo los efectos de la embriaguez. Necesito beberme dos botellas de coñac para emborracharme
»...como el bermejo Sileno
sobre su asno vacilante,
»y yo no me he bebido sino un cuarto de botella. Además, no soy Sileno. No, no soy Sileno, sino Hércules, ya que he tomado una resolución heroica.
Perdóname esta comparación de mal gusto. Hoy tendrás que perdonarme muchas cosas. No te inquietes, que no parloteo: hablo seriamente y voy al grano. No seré tacaño como un judÃo. ¿Pero cómo es la poesÃa? Espera.
Levantó la cabeza, reflexionó y empezó a declamar apasionadamente: