Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Has hablado de mi rubor. Pues bien, no son tus palabras ni tus actos lo que me ha hecho enrojecer. Me sonrojo porque me parezco a ti.
—¿Tú? Exageras, Aliocha.
—¡No, no exagero! —exclamó con vehemencia.
Era evidente que hablaba de algo que sentÃa desde hacia tiempo. Continuó:
—La escala del vicio es la misma para todos. Yo estoy en el primer escalón; tú estás más arriba, en el escalón trece o cosa asÃ. Yo creo que esto es igual: una vez se ha puesto el pie en el primero, se suben todos los escalones.
—Lo mejor es resistir.
—Desde luego, pero no siempre es esto posible.
—¿Para ti lo es?
—Creo que no.