Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Durante esos días, el viejo me envió seis mil rublos a cambio de la renuncia en toda regla a mis derechos y aspiraciones sobre la fortuna de mi madre. Yo no entendía nada de esto entonces. Hasta mi llegada aquí, hasta estos últimos días y tal vez hasta ahora mismo, yo no he comprendido nada de estos asuntos de dinero entre mi padre y yo. ¡Pero que se vaya todo esto al diablo! Ya hablaremos de ello más adelante. El caso es que, cuando ya había recibido yo los seis mil rublos, un amigo me enteró por carta de algo sumamente interesante: estaban descontentos del teniente coronel sospechoso de malversación de fondos, y sus enemigos le preparaban una sorpresa. Así fue: el jefe de la división se presentó y le reprendió duramente. Poco después, el teniente coronel hubo de dimitir. No contaré todos los detalles de este asunto. En él inflüyó desde luego, la acción de sus enemigos. La población entera mostró una súbita frialdad hacia la familia del teniente coronel.
Todo el mundo se apartaba de ella. Entonces hice mi primera jugada. Al encontrarme un día con Ágata Ivanovna, de la que seguía siendo amigo, le dije:
»—A su padre le faltan cuatro mil quinientos rublos en la caja.
»—¿Cómo es posible? Cuando vino el general, hace poco, no faltaba nada.
»—Entonces no faltaba, pero ahora sí.
»Ágata Ivanovna se estremeció: