Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov ¡Pero qué importa! ¡Al diablo todos los espías del corazón humano! He aquí mi aventura con Catalina Ivanovna. Sólo tú a Iván la conocéis.
Dmitri se levantó, dio unos pasos vacilantes, sacó el pañuelo, se enjugó la frente y se volvió a sentar, pero en otro sitio, en el banco que corría junto a la otra pared, de modo que Aliocha tuvo que volverse por completo para poder mirarlo.
CAPÍTULO V
CONFESIÓN DE UN CORAZÓN ARDIENTE.