Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —En eso no tiene ningún papel la apreciación de los méritos. Para resolver semejante cuestión, el corazón humano no se funda en los méritos, sino en otras razones más naturales. En cuanto al derecho, ¿quién no lo tiene a desear una cosa?
—Pero no la muerte de otro.
—¿Por qué? ¿Qué razón hay para que uno se mienta a sà mismo cuando todos viven asà y sin duda no pueden vivir de otro modo? Tú estás pensando en mi frase de hace un momento: «el destino de los reptiles es devorarse los unos a los otros».
¿Crees tú que soy capaz, como Dmitri, de derramar la sangre de Esopo, en una palabra, de matarlo?
—¿Qué dices, Iván? Jamás he pensado en eso. Es más, no creo que Dmitri...
—Gracias —dijo Iván sonriendo—. Has de saber que defenderé siempre a nuestro padre. Pero en este caso especial dejo el campo libre a mis deseos.
Y añadió:
—Hasta mañana. No me tengas por un malvado.
Se estrecharon la mano más cordialmente que nunca. Aliocha comprendió que su hermano deseaba atraérselo con alguna intención secreta.
CAPITULO X