Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Aliocha no tardó en llegar a casa de la señora de Khokhlakov. Esta casa, de piedra y de dos pisos, era una de las mejores de nuestra ciudad. La señora de Khokhlakov habitaba con más frecuencia una finca que poseÃa en otro distrito o en su casa de Moscú. La que tenÃa en nuestra población era una antigua propiedad de familia. Por lo demás, la mayor de sus tres haciendas estaba en nuestro distrito, pero la propietaria la habÃa visitado muy pocas veces hasta entonces. Corrió al encuentro de Aliocha en el vestÃbulo.
—¿Ha recibido usted la carta en que le explico el nuevo milagro? —preguntó nerviosamente.
—SÃ, la he recibido.
—¿Ha hecho correr la noticia? ¡Ha devuelto un hijo a su madre!
—Seguramente morirá hoy —dijo Aliocha.
—Ya lo sé. Estaba deseando hablar de esto con usted o con otro... No, con usted, con usted... ¡Qué contrariedad! ¡No poder ir a verlo!... Toda la ciudad está en tensión, esperando... Oiga, ¿sabe usted que Catalina Ivanovna está aquÃ, en nuestra casa?
—¡Me alegro! —exclamó Aliocha—. TenÃa que ir a verla hoy.