Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Ya veo que no hablas en serio, Lise —dijo su madre—. Sin embargo, te convendrĂa dormir un poco.
—Si usted quiere —balbuceó Aliocha—, me estaré aquà tres o cuatro minutos más, hasta cinco.
—¡Llévatelo en seguida, mamá! ¡Es un monstruo!
—¡Lise! ¿Has perdido el juicio? Vámonos, Alexei Fiodorovitch. Hoy está demasiado nerviosa y no quiero que se acalore más. Una mujer nerviosa es una verdadera desgracia... Pero acaso sea verdad que quiere dormir. Ha sido una suerte que su presencia haya bastado para que sienta sueño.
—Eres muy amable, mamá. Te mando un beso por lo que acabas de decir.
—Te lo devuelvo, Lise.
Y murmurĂł a Aliocha con acento misterioso, mientras se alejaban:
—Alexei Fiodorovitch, no quiero anticiparle nada para no influir en usted.
Usted mismo lo verá: es algo espantoso, el drama más desgarrador que se puede concebir. Catalina Ivanovna está enamorada de su hermano Iván y quiere convencerse a sà misma de que ama a Dmitri. Le acompañaré y, si me lo permiten, me quedaré.
CAPĂŤTULO V
ESCENA EN EL SALÓN