Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Lo principal en todo esto es el honor y el deber y también algo más elevado que supera tal vez al deber mismo. Mi corazón me ha impuesto un sentimiento pavoroso que me arrastra irresistiblemente. En una palabra, que he tomado una resolución irrevocable. Aunque se case con esa... mujer, a la que yo no podré perdonar nunca, no le abandonaré. ¡No, no le abandonaré jamás! —exclamó, presa de una exaltación morbosa—. Pero no crean ustedes que tengo la intención de perseguirle, de imponerle mi presencia, de importunarle. ¡No, de ningún modo!
Me iré a otra parte, a otra población cualquiera, y desde allà no dejaré de interesarme por él. Cuando sea desgraciado con la otra, cosa que no tardará en ocurrir, podrá volver a mi lado y encontrará en mà una amiga, una hermana... SÃ, sólo una hermana, y para toda la vida, una hermana que le querrá y sacrificará por él su existencia entera. A fuerza de perseverancia, conseguiré que al fin me tenga afecto y me lo cuente todo sin sonrojarse.
Y exclamó como en un delirio: