Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Sólo un rasgo de su carácter incitaba a sus compañeros a burlarse de él, aunque no por maldad, sino por diversión: Aliocha era pudoroso y casto hasta lo inaudito.
No podía soportar ciertas expresiones ni ciertos comentarios sobre las mujeres, que, para desgracia nuestra, son tradicionales en las escuelas rusas. Muchachos de alma y corazón puros, todavía casi niños, se deleitan en conversaciones a imágenes que a veces repugnan incluso a los más rudos soldados. Además, éstos saben menos de tales cuestiones que los jovencitos de nuestra buena sociedad. No hay en ello —bien se ve— corrupción ni cinismo verdaderos, pero éstos existen en apariencia, y, generalmente, esos muchachos ven en tal proceder algo delicado, exquisito, digno de imitarse. Al ver que Aliocha Karamazov se tapaba los oídos cuando se hablaba de estas cosas, sus compañeros le cercaban, le apartaban las manos a viva fuerza y le decían obscenidades a gritos. Alexei se debatia, se tiraba al suelo, se tapaba la cara, y soportaba la ofensa en silencio y sin enfadarse. Al fin le dejaban en paz, cesaban de llamarle «jovencita» a incluso se compadecían de él.
Aliocha figuró siempre entre los mejores alumnos, pero nunca aspiró al primer puesto.