Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Aliocha dio media vuelta y se dirigió al monasterio. Caía la noche. Le asaltó un presentimiento indefinible. Como el día anterior, se levantó el viento y los pinos centenarios empezaron a zumbar lúgubremente cuando Aliocha entró en el bosque de la ermita.
«Mi seráfico padre... ¿De dónde habrá sacado este nombre?... Iván, mi pobre Iván, ¿cuándo te volveré a ver?... He aquí la ermita... Sí, mi seráfico padre me salvará de él para siempre... »
Más adelante se asombró muchas veces de haberse olvidado por completo de su hermano mayor tras la marcha de Iván, de Dmitri, a quien aquella misma mañana se había prometido buscar y encontrar aunque tuviese que pasar la noche fuera del monasterio.