Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Mucho tiempo después, Iván Fiodorovitch recordó con repugnancia que aquella noche iba sin hacer ruido, como si temiera que lo oyesen, hacia la puerta, la abría, salía al rellano de la escalera y escuchaba cómo su padre iba y venía en la planta baja. Estaba un buen rato escuchando con una extraña curiosidad, conteniendo la respiración y el corazón latiéndole con violencia. Él era el primero en no saber por qué obraba así. Durante toda su vida calificó este proceder de indigno, considerándolo en el fondo de su alma como el acto más vil de que se podía acusar. En aquella ocasión no sentía ningún odio por Fiodor Pavlovitch, sino solamente una viva curiosidad. ¿Qué haría allá abajo? Lo veía mirando por las ventanas oscuras, deteniéndose de pronto en medio de la habitación con el oído atento, por si alguien llamaba.