Los hermanos Karamazov

Los hermanos Karamazov

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Esto resulta más fino, y además es un infierno mejor iluminado. Tal vez me digas que qué importa que tenga o no techo. Pues sí que importa, pues si no hay techo, no hay ganchos, y entonces no me podrán colgar. Y si no me cuelgan, ¿dónde está la justicia del otro mundo? Habría que inventar los ganchos para mí, sólo para mí.

¡Si tú supieras, Aliocha, lo sinvergüenza que soy!

—Allí no hay ganchos —dijo Aliocha en voz baja y mirando a su padre gravemente.

—Entonces habrá sombras de ganchos. Sí, ya sé. Un francés describe así el infierno:

»He visto la sombra de un cochero

que con la sombra de un cepillo

frotaba la somóra de una carroza .

»¿Cómo sabes, querido, que allí no hay ganchos? Cuando estés en el monasterio, entérate bien y ven a informarme. Me iré más tranquilo al otro mundo cuando sepa lo que pasa allí. Será mejor para ti estar con los monjes que conmigo, viejo borracho, rodeado de muchachas..., aunque tú eres como un ángel y estás por encima de todo esto. Por eso lo dejo ir, aunque pienso que tal vez allí ocurra lo mismo. En ese caso, como no eres tonto, tu fervor se extinguirá y volverás curado.


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