Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Padres mÃos, yo no he dicho nunca, ni siquiera a este joven, por qué su rostro ha despertado en mà tan gran afecto. Ha sido para mà como un recuerdo y como un presagio. En la aurora de mi vida, yo tenÃa un hermano que murió ante mis ojos apenas cumplió los diecisiete años. Después, en el curso del tiempo, me fui convenciendo poco a poco de que este hermano fue en mi destino como una indicación, como un decreto de la providencia, pues estoy seguro de que sin él yo no habrÃa sido religioso, no habrÃa emprendido esta preciosa ruta. Aquella primera revelación se produjo en mi infancia, y ahora, en el término de mi carrera, me parece estar presenciando una repetición de aquel hecho. Lo notable es, padres mÃos, que, sin que exista entre Aliocha y mi hermano un verdadero parecido de cara, la semejanza espiritual llega al extremo de que más de una vez he creido que Alexei era mi hermano mismo, que venÃa a verme al final de mi carrera para recordar el pasado. Y esta extraña ilusión ha sido tan vivida, que incluso a mà me ha llenado de asombro.
Se volvió hacia el novicio que le servÃa y continuó: