Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Nosotros tenemos tantos santos como ellos. El monte Athos está bajo el yugo turco, y allà todo se ha olvidado. Hace tiempo que la ortodoxia se ha alterado en el Athos. Allà no hay ni campanas.
El padre José renunció al debate, apenado. HabÃa expresado su opinión sin ninguna seguridad y con poca fe. En medio de su turbación, preveÃa una escena violenta y un principio de rebeldÃa. Poco a poco, siguiendo al padre José, todos los monjes razonables enmudecieron. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, todos los que habÃan querido al difunto y aceptado con sentida sumisión la institución del staretismo se sintieron aterrados, y desde este momento se limitaron a cambiar tÃmidas miradas cuando se encontraban.
En cambio, los enemigos del staretismo, los que lo rechazaban por considerarlo una novedad, levantaban la cabeza con un gesto de orgullo y recordaban con maligna satisfacción:
—El padre Barsanufe no sólo no olÃa mal, sino que despedÃa un suave perfume.
Esto justificó sus méritos, no su jerarquÃa religiosa.
A ello se sumaron las censuras, las acusaciones. Los más rutinarios decÃan:
—Afirmaba que la vida es un gran placer y no una humillación dolorosa.
Otros aún más obtusos añadÃan: